¿Hacia el
quinto dogma mariano?

Esperanza RIDRUEJO
A lo largo de los siglos, la Iglesia católica no ha cesado de alabar a la
Virgen María a través de sus teólogos y de sus doctores. Hombres y mujeres de
todos los tiempos han
expresado su gran amor hacia la Madre de Dios con sus escritos
profundos.
San Luis María Grignon de Monfort, doctor de la Iglesia, y san Alfonso María de Ligorio, fundador de los Redentoristas, fueron grandes
impulsores de los movimientos
marianos, que nunca hubiesen llegado a tener su actual vigor de
no haber sido por la intervención de los últimos papas. Hasta el momento,
cuatro han sido los dogmas definidos por el Magisterio extraordinario de la
Iglesia católica sobre la Virgen María:
El de su Maternidad Divina: «María
es la Madre de Dios». Aprobado en el Concilio de Éfeso,
año 431, bajo el Papa Celestino I.
El de su Virginidad Perpetua: «María fue Virgen en el parto, antes del parto y después del parto». Segundo Concilio de Constantinopla,
siglo VI, y segundo concilio de Letrán, siglo XII.
El de su Inmaculada Concepción, «María, nacida sin pecado original».
Definido por Pío Nono, el 8 de diciembre de 1854, en
su encíclica «Inneffabilis Deus»:
«La Virgen María nunco tuvo la menor mancha de pecado
y fue inmune a él desde su concepción y durante su inmaculada vida».
El de su Asunción a los cielos. «María, asunta a los cielos en cuerpo y alma».
Así lo define Pío XII al declarar el dogma de la Asunción de Nuestra Señora el
primero de diciembre de 1950, en su documento «Munificentissimus
Deus».
Sin embargo, en este tiempo actual, tan crítico para el mundo y para la Iglesia
católica, un gran movimiento eclesial, llamado «Vox populi», que reune a fieles
católicos de los
cinco continentes, pide a nuestro pontífice con enorme insistencia
la proclamación de un quinto dogma mariano: «María, corredentora en el plan divino de la salvación, mediadora de
todas las gracias y abogada del pueblo de Dios».
Esta súplica había sido ya presentada a Pío XII en el
Primer Congreso Mariano Internacional, que tuvo lugar en Roma en el Año Santo
1950, y así decía: «Es el deseo de los fieles católicos que se defina
dogmáticamente que la Bienaventurada Virgen María
estuvo unida a su Hijo en la realización de la salvación
humana. En consecuencia, Ella es verdadera colaboradora de la obra de la
redención, intercesora de todas las gracias y mediadora entre Dios y los
hombres».
Posteriormente, el 2 de mayo de 1984, el cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de
la Fe, afirma: «Ya se encuentra adecuadamente
propuesta en los diversos documentos del Magisterio de la Iglesia,
la doctrina sobre la mediación universal de María Santísima». Sus palabras no
fueron bien recibidas por las Iglesias protestantes y por ello, los teólogos
católicos aún están buscando la manera de
que este quinto dogma
no perjudique el camino ecuménico. No obstante, su Santidad Juan Pablo II, en
una audiencia general concedida el 8 de septiembre, festividad del nacimiento
de la Virgen María, afirma nuevamente que «la Santísima Virgen participó
en los sufrimientos de
su divino Hijo para ser la corredentora de toda la Humanidad». Hasta Teresa de
Calcuta suplicó al Santo Padre la aprobación de este quinto dogma en una carta
personal, fechada el 14 de agosto de 1993, en la que se exponían tres
importantes reflexiones:
¬María es nuestra
corredentora. Ella dio a Jesús su cuerpo y sufrió con Él al pie de la cruz.
¬María es la mediadora de todas las gracias, Ella nos dio a
Jesús y como madre nuestra que es, nos las otorga.
¬María es nuestra abogada. Reza a
Jesús por nosotros y, a través de ella, llegamos al Corazón Eucarístico de su
Hijo.
La definición papal de María como corredentora, mediadora
y abogada traerá grandes gracias a la Iglesia, todo por Jesús a través de
María.
2004-04-07