Seis cosas que no debemos hacer:

1. Obtener riqueza sin trabajar
2. disfrutar los placeres sin
escrúpulos
3. obtener el conocimiento sin
sabiduría
4. hacer negocios sin debida moral
5. ejercer la ciencia sin humanidad
6. vivir la religión sin sacrificios.
Oración:
Padre celestial, tu increíble fidelidad nos llena de
gozo. Por el poder de tu Espíritu Santo infunde admiración y reverencia en
nuestro corazón ante la excelente promesa de la salvación que nos das en Cristo
Jesús, nuestro Salvador. Concédenos, te rogamos, prepararnos debidamente
durante este tiempo de Adviento con una fe
clara y firme para saber aceptar de corazón la Luz, el Amor y el Poder que
tienes reservado para todos los que te aman. Amén.
El Alma:
1. Señor, ¿cuál es mi confianza en esta vida? o ¿cuál mi mayor contento de
cuantos hay debajo del cielo? Por ventura ¿ no eres Tú
mi Dios y Señor, cuyas misericordias no tienen número? ¿Dónde me fue bien sin
Ti? o ¿cuándo me pudo ir mal estando Tú presente? Más quiero ser pobre por Ti,
que rico sin Ti. Por mejor tengo
peregrinar contigo en la tierra, que poseer sin Ti el cielo. Donde Tú estás,
allí está el cielo, y donde no, el infierno y la muerte. A Ti se dirige todo mi
deseo, y por eso no cesaré de orar, gemir y clamar en pos de Ti. En fin; yo no
puedo confiar cumplidamente en
alguno que me ayude oportunamente en mis
necesidades, sino en Ti solo, Dios mío. Tú eres mi esperanza y mi confianza; Tú
mi consolador y el amigo más fiel en todo.
2. Todos buscan su interés, Tú buscas solamente mi salud y mi aprovechamiento,
y todo mi lo conviertes en bien. Aunque algunas veces me dejas en diversas
tentaciones y adversidades, todo lo ordenas para mi provecho; que sueles de mil
modos probar a tus escogidos. En esta prueba debes ser tan amado y alabado,
como si me colmases de consolaciones espirituales.
3. En Ti, pues, Señor Dios, pongo toda mi esperanza y refugio; en tus manos
dejo todas mis tribulaciones y angustias; porque fuera de Ti todo es débil e
inconstante. Porque no me aprovecharán muchos amigos, ni podrán ayudarme los
defensores poderosos, ni los consejeros
discretos darme respuesta conveniente, ni los
libros doctos consolarme, ni cosa alguna preciosa librarme, ni algún lugar
secreto y delicioso defenderme, si Tú mismo no me auxilias, ayudas, esfuerzas,
consuelas y guardas.
4. Porque todo lo que parece conducente para tener paz y felicidad, es nada si
Tú estás ausente; ni da sino una sombra de felicidad. Tú eres, pues, fin de
todos los bienes, centro de la vida, y abismo de sabiduría; y esperar en Ti
sobre todo, es grandísima consolación para tus siervos. A
Ti, Señor, levanto mis ojos; en Ti confió, Dios mío,
padre de misericordias. Bendice y santifica mi alma con bendición celestial,
para que sea morada santa tuya, y silla de tu gloria eterna; y no haya en este
templo tuyo cosa que ofenda los ojos de tu majestad soberana. Mírame según la
grandeza de tu bondad, y según la multitud de
tus misericordias, y oye la oración de este pobre siervo tuyo, desterrado lejos
en la región de la sombra de la muerte. Defiende y conserva el alma de este tu siervecillo entre tantos peligros de la vida corruptible; y
acompañándola tu gracia,
guíala por el camino de la paz a la patria
de la perpetua claridad. Amén.