CONFESIÓN DE LOS PECADOS
Al Ministro de Cristo

 

La Biblia enseña que la Iglesia de Cristo "tiene poder", que los ministros de su Iglesia tienen el "poder" de perdonar ¡o no perdonar pecados!… ese "poder" que antes lo tenía sólo Dios. Así lo dice la Biblia.

Jesus, en su primera aparición después de resucitar, lo primero que hizo fue instituir el Sacramento de la Confesión en su Iglesia:

Dijo Jesús a sus discípulos: Recibid el Espíriu Santo; a quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos (Juan 20:22-23).

Este poder de perdonar los pecados es un poder enorme, en el Antiguo Testamento sólo lo tenía Dios en persona (Éxodo 34:7, Daniel 9:9, Miqueas 7:18). Por eso en Marcos 2:7, cuando Jesús le dijo al paralítico: Perdonados te son tus pecados, los escribas comenzaron a murmurar diciendo: Este está blasfemando, porque sólo Dios puede perdonar pecados.

Pero después de resucitar Jesús les dio a los ministros de su única Iglesia este "gran poder" de perdonar los pecados ¡y de no perdonarlos!. Esto es impresionante, porque si el ministro de Jesús no te perdona un pecado, el pecado no será perdonado. Léelo en Juan 20:23. Si tu pecado es que andas en adulterio, quizá el ministro te diga que no te perdona hasta que no te arrepientas y efectivamente dejes de vivir en adulterio. Para que el ministro de Cristo decida si te perdona o no te perdona, tiene que saber cual es tu pecado, se lo tienes que decir, que confesar… y si te lo perdona, queda perdonado, como dice impresionantemente en Juan 20:23.

En algunas iglesias que se llaman cristianas sus ministros no tienen este poder... son iglesias "sin poder", porque son falsificaciones de la única Iglesia de Cristo, no son la Iglesia de Cristo, aunque sus ministros prediquen a Cristo con la Biblia debajo del brazo. Si en tu iglesia no hay hombres con el poder de perdonar pecados, es que es una falsa iglesia de Cristo, busca la única Iglesia verdadera de Cristo, que ahí sí que hay hombres con este poder.

En otros dos sitios habla el Nuevo Testamento de la confesión de los pecados:

Confesaos mutuamente vuestras faltas (Santiago 5:16). Si te he hecho algún daño, pedirte perdón, y tú pedirme perdón a mí. Confesar nuestras faltas mutuamente, para que seáis sanados, añade la cita. La mejor sanación interna, el mayor desahogo, es cuando uno sabe humillarse y reconocer su falta y pedir perdón, es lo que más rencores y celos sana.

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad (1Juan 1:9). Esta cita la he tomado de una Biblia protestante, porque en algunos libros protestantes que he leído, es la cita que mencionan cuando hablan de "confesar los pecados". Los libros protestantes que he leído hacen bien la cita, pero luego la adulteran al comentarla: Añaden las palabras "a Dios". Comentan: "Si confesamos nuestros pecados a Dios", y esto es una falsificación, porque en la cita no dice que hay que confesar los pecados a Dios, ni a un hombre... no dice a quien hay que confesar los pecados... pero basados en esta falsificación, los libros protestantes que he leído dicen que hay que confesar los pecados a Dios y no a los hombres... Lea usted las tres citas que he mencionado aquí:

En 1 Juan 1:9 no dice a quién hay que confesar los pecados.

En Santiago 5:16 dice que hay que confesarlos mutuamente, de hombre a hombre o de mujer a mujer, o de hombre a mujer, etc., y aquí no habla la Biblia de "pecados" sino de "faltas".

En Juan 20:23 se deduce fácilmente que a quien hay que confesar los pecados es al ministro de Cristo que tiene el poder de perdonarlos o no perdonarlos.

Algunos dicen que no pueden confesar sus pecados a un hombre. Es curioso que la psicología moderna se basa en que el paciente llegue a reconocer y confesar al psiquiatra sus errores, faltas y pecados... y una vez "confesados", el paciente puede quedar "sanado"... sólo que el psicoanalista cobra miles de dólares y el sacerdote no cobra nada.

¡Qué grande es Dios! Cuando en un tribunal civil uno se confiesa culpable, lo llevan a la cárcel. Cuando en el tribunal de Dios uno se confiesa culpable, se le declara absuelto y limpio de sus faltas y pecados.

El Trono de la Gracia:

La Confesión es el Trono de la Gracia... cuando un cristiano peca, ese peado no se le puede borrar aunque haga un millón de obras buenísimas, pero se le perdona muy fácilmente, sencillamente acercándose al Trono de la Gracia, al Sacramento de la Confesión:

Acerquémonos, pues, confiadamente, al trono de la gracia,a fin de recibir misericordia, y hallar gracia par el oportuno auxilio (Hebreos 4:16).

El papa actual, Juan Pablo II, se confiesa todos los días, porque en el Trono de la Gracia nos apropiamos de los méritos de Cristo en la Cruz... no solo borra los pecados graves, sino que borra los actos imperfectos, es como cuando se lava uno a diario la cara, o se baña, no porque este muy sucio, sino para quitar el sudor, el polvo diario, y empezar el nuevo día refrescados... con gracia para e lmomento oportuno que la necesitemos.

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